domingo, 26 de octubre de 2014

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Sigo con la discusión con mi aparato de música, porque solo sabe ponerme tus canciones. No sé cómo decirle que ya no estás, que te has ido, has desaparecido. Al menos físicamente. Pero el parece no entenderme, y me pone tu canción. Nuestra canción, mejor dicho. Y ni a gritos me hace caso, ni a amenazas de empotrarlo contra la pared. Como hacías tu conmigo, pues igual, pero distinto.

Se abre la puerta de mi habitación, pero sé que no eres tú así que mamá déjame en paz que estoy estudiando.  Parece que los gritos solo son sordos para ti, y las lágrimas solo invisibles para ti. Todos los demás parecen darse cuenta, menos tu, el único que debería darse por aludido.


Asique mando todo a la mierda, los papeles de mi escritorio, el marco con nuestra foto y los botes de lapiceros. Pero esta vez no te tumbo en ella, no. Porque me he cansado de perder. Tumbo todos mis pañuelos y me juro no volver a usarlos y mamá olvídate de mí y cierra la puerta y deja de molestar, que estoy firmando mi carta de rendición. ¿Con quién? Pues conmigo misma. Porque no voy a volver a llorar por ti ni a gritar por ti. Já. 

sábado, 18 de octubre de 2014

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Y échame uno. O dos, o tres. O los que tú quieras, que no soy exigente. Solo te exijo una cosa: quédate el resto de mi vida conmigo. Y las que vengan, pues también. Que no sé qué hay después, pero tú te vienes conmigo.

Y luego nos fumamos un piti a pachas, en mi balcón. Mientras contamos estrellas, o me cuentas los lunares de la espalda, mejor, que son más. Y los pruebas uno a uno. Y luego deshacemos la cama. Ah, no, que ya está deshecha. Pues eso, la seguimos deshaciendo. Ya la haremos mañana. Para volver a deshacerla por la noche.

Te diría que por cada beso un chupito de Jack Daniels, pero prefiero probarte sobria, y poder grabarte a fuego lento en mi cabeza. Para cuando te vayas. Que no te voy a dejar irte, por cierto. Pero quiero recordarte igual. Recordarte mientras te miro. Y echar de menos algo que no tengo que echar de menos porque lo estoy viendo. ¿Qué viendo? Tocando, mejor. No quiero mirarte, que también, prefiero tocarte. Y dejar que me toques. Y a todo lo demás que le jodan. No necesito nada más.

No quiero que dejes ni un solo centímetro de piel sin tocar. Que se tienen envidia. Y tú no eres de dejar las cosas a medias. Y quítame las medias que me estorban. Quiero que solo la piel nos estorbe.


Ya es de día. Pues me da igual, que nos mire el Sol, y que rabie de envidia. Que llore. Y nos vamos a pasear. A que sus lágrimas nos empapen. Y que tus labios mojados besen los míos. Y mi mejilla, y mi nariz y mi cuello y mi hombro y volvamos a la habitación que nos vuelve a sobrar la ropa. 

Y así todo el día. ¿Qué digo? Toda la vida.